Comer sano es una elección y cuestión de presupuesto.
En Nueva york se pueden comer platos saludables y a buen precio si organizas tus menús para que resulten económicos.
Si tenemos un presupuesto ajustado, la mejor opción es preparar la comida en casa comprando los ingredientes en las numerosas tiendas de productos ecológicos que hay repartidas por toda Manhattan.
Si tenemos poco tiempo y algo más de presupuesto, una buena forma de comer sano es comprando comida preparada en el "Whole Foods" o en las tiendas de productos ecológicos y hacer picnic en los numerosos parques que tiene NY.
Si nuestro presupuesto es holgado, comer sano en NY es muy fácil: hay cientos de restaurantes convencionales que ofrecen platos elaborados con ingredientes orgánicos.
Lista de restaurantes orgánicos que me gustan. Se irá agrandando conforme me pase a conocer más.
¡Bon appetit!
VEGETARIANOS
Angelica kitchen
Vegetariano orgánico
300E. 12 Street
Counter
El primer restaurante vegetariano cool que conozco
Buenos platos y buen ambiente.
105 First avenue 6 Street.
Gobo
Vegetariano ecléctico
401 6th Ave.
(Waverly Pl. & 8th St.)
Hangawi
Vegetariano Koreano
12E. 32nd. St.
(5th & Madison Ave.)
Maná
Macrobiótico Asíatico
646 Amsterdam Ave.
(91st. & 92nd St.)
Terri
Vegetariano orgánico
Comida para llevar
60W. 23 Street
VEGANOS
Bonobo´s
Raw vegan
18E 23rd St.
(Park Ave. South & Broadway)
Blossom
Gourmet vegan
187 9ª Ave.
21 St & 22nd St.
Caravan of Dreams
Vegano
405E. 6 Street
BRUNCH
Josie´s
Brunch orgánico
Huevos benedictinos para chuparse los dedos
565 3ª avenue. 37 Street
Back Forty
Seasonal American
190 Avenue B & 12th St.
CAFETERIAS
Free food
Café
18W. 45St.
(5th & 6th Ave.)
Kaffe 1668
Café de comercio justo
Organic Tea
275 Greenwich St.
Liquiteria
Zumos, bar, café
170 2nd. Ave.& 11th St.
East Village
Organic
Café
110E. 23rd St.
(Lexintong Ave. & Park Ave. south)
Nueva York es una ciudad mágica que amas desde que la conoces. Tiene un rincón especial para cada visitante que se acerca.
miércoles, 14 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
California Dreams: de Nueva York a San Francisco
Al fin cumplí uno de mis sueños. Siempre que escuchaba California Dreams de The Mamas & the Papas pensaba que alguna vez iría a California, esta canción sonó mágicamente en un momento del viaje.
Para ir a California desde NY cruzas EEUU de costa a costa, cinco horas y media de avión (casi como NY-Madrid).
Nuestra primera parada: San Francisco, una ciudad amable y limpia; aunque cualquier ciudad después de estar en NY te parece limpia.
La primera impresión en SF es confusa porque sus calles están llenas de "homeless". En la mayoría de las ciudades estadounidenses, muchos centros psiquiátricos cerraron dejando en la calle a miles de personas con problemas mentales.
En general los "homeless" de San franciscos son bastante simpáticos y no les falta el sentido del humor. En sus carteles ponen cosas como “Necesito dinero para hacer un estudio sobre los efectos del alcohol”. Suelen ayudar a los turistas con consejos sobre sus itinerarios.
Toda SF es un entramado de subidas y bajadas pronunciadas donde pueden verse casas espectaculares y el famoso tranvía, que es más complicado de coger de cómo se ve en las pelis.
Nos gustó mucho la zona de los Pier, el paseo marítimo, el barrio de Castro (donde se ambientó la película "Milk") y una excursión en barco al cercano Sausalito; un pequeño pueblo costero muy turístico pero con mucho encanto. En el recorrido hasta Sausalito aparece siniestra la cárcel de Alcatraz convertida en un reclamo turístico.
California tiene espacios y lugares que invitan a la buena vida, al relax y a las excursiones; pero el tiempo apremia y tuvimos que escoger entre tanta oferta.
En la oficina de turismo te atienden amablemente y se pueden hacer llamadas gratis o contratar servicios online con descuentos.
Nos decantamos por una excursión a Yosemite Park (donde los osos pueden darte un buen susto y la emoción de verlos hace que te tiemble el pulso cuando los grabas).
Y por Napa Valley donde se pueden hacer tours por las bodegas y viñedos con degustación de vinos incluida, que te dejan para dormir la siesta.
Nos quedó mucho por ver, la zona de la misiones, Silicon Valley, Los Ángeles…
¡Tendremos que volver!
El Tranvia que lleva a Hyde
Para ir a California desde NY cruzas EEUU de costa a costa, cinco horas y media de avión (casi como NY-Madrid).
Nuestra primera parada: San Francisco, una ciudad amable y limpia; aunque cualquier ciudad después de estar en NY te parece limpia.
La primera impresión en SF es confusa porque sus calles están llenas de "homeless". En la mayoría de las ciudades estadounidenses, muchos centros psiquiátricos cerraron dejando en la calle a miles de personas con problemas mentales.
En general los "homeless" de San franciscos son bastante simpáticos y no les falta el sentido del humor. En sus carteles ponen cosas como “Necesito dinero para hacer un estudio sobre los efectos del alcohol”. Suelen ayudar a los turistas con consejos sobre sus itinerarios.
Toda SF es un entramado de subidas y bajadas pronunciadas donde pueden verse casas espectaculares y el famoso tranvía, que es más complicado de coger de cómo se ve en las pelis.
Nos gustó mucho la zona de los Pier, el paseo marítimo, el barrio de Castro (donde se ambientó la película "Milk") y una excursión en barco al cercano Sausalito; un pequeño pueblo costero muy turístico pero con mucho encanto. En el recorrido hasta Sausalito aparece siniestra la cárcel de Alcatraz convertida en un reclamo turístico.
California tiene espacios y lugares que invitan a la buena vida, al relax y a las excursiones; pero el tiempo apremia y tuvimos que escoger entre tanta oferta.
En la oficina de turismo te atienden amablemente y se pueden hacer llamadas gratis o contratar servicios online con descuentos.
Nos decantamos por una excursión a Yosemite Park (donde los osos pueden darte un buen susto y la emoción de verlos hace que te tiemble el pulso cuando los grabas).
Y por Napa Valley donde se pueden hacer tours por las bodegas y viñedos con degustación de vinos incluida, que te dejan para dormir la siesta.
Nos quedó mucho por ver, la zona de la misiones, Silicon Valley, Los Ángeles…
¡Tendremos que volver!
El Tranvia que lleva a Hyde
Lombard Street
Casas victorianas y skyline de San Francisco
Golden Gate
Bodega Robert Mondavi en Napa Valley
Sausalito
lunes, 12 de abril de 2010
Los Amish de Pensilvania, un viaje en el tiempo.
No nos resistimos a una visita al condado de Lancaster para conocer los famosos puentes cubiertos de madera y las granjas de los Amish. Alquilamos un coche y nos dirigimos al estado de Pensilvania (colindante con el de Nueva York) en donde un numeroso grupo de Amish vive apartado de la modernidad.
Los buggies (carros) están presentes durante todo nuestro viaje. Algunos de ellos no están ocupados por Amish, sólo transportan turistas que pagan por el paseo. La ruta está rodeada de tiendas de comestibles en donde los Amish se abastecen y venden sus productos. Es en estos lugares donde es más fácil toparse con una familia numerosa de este grupo. Los productos elaborados por ellos están muy cotizados porque tienen fama de ser artesanos y de buena calidad; aunque sorprende que hayan huido de todos los avances de la ciencia pero que no rechacen el uso de los transgénicos en sus cultivos.
En la zona hay réplicas de sus granjas y de sus casas pero son simplemente eso; réplicas. Si quieres ver las reales, te interesa adentrarte por las granjas y distinguirás sus casas por la gran cantidad de ropa tendida ya que no usan lavadora ni secadora.
En una de estas incursiones nos pareció distinguir a lo lejos un campanario. Tomamos rumbo hacia lo que pensábamos sería una iglesia y al llegar descubrimos que era una pequeña escuela. En su interior una jovencísima mujer (no creo que tuviera más de 17 años) ordenaba y limpiaba la clase. La joven contestó a algunas de nuestras preguntas con timidez pero con amabilidad. Nos enteramos que ella era la profesora y que estaba preparando el aula para el día siguiente. Le pedimos permiso para hacer unas fotos y entonces se alteró un poco pero nos dejó hacer algunas fotos de la clase.
Después de “perseguir” a los Amish durante un día completo (ya que se esconden de la mirada de los curiosos) nos fuimos a pasear por los puentes de madera cubiertos que se hicieron famosos con la película “Los Puentes de Madison”, de Clint Eastwood. Los puentes están situados en parajes tranquilos y bellos con casas diseminadas que no pertenecen a los Amish (lo sé porque no hay ropa tendida). Nos cruzamos con una señora que limpiaba de hojas la entrada de su casa. Después de preguntarnos de dónde éramos nos dijo: ¿Dios está en vuestro corazón? No estaba preparada para algo así. Yo esperaba una conversación trivial sobre el tiempo. Pero recordé que Pensilvania es un estado muy religioso y seguí la conversación como pude.
Durante el regreso a Nueva York permació en mí la sensación de vivir en el pasado a pesar de llevar como fondo musical un GPS que repetía constantemente “recalculando, recalculando…”
Los buggies (carros) están presentes durante todo nuestro viaje. Algunos de ellos no están ocupados por Amish, sólo transportan turistas que pagan por el paseo. La ruta está rodeada de tiendas de comestibles en donde los Amish se abastecen y venden sus productos. Es en estos lugares donde es más fácil toparse con una familia numerosa de este grupo. Los productos elaborados por ellos están muy cotizados porque tienen fama de ser artesanos y de buena calidad; aunque sorprende que hayan huido de todos los avances de la ciencia pero que no rechacen el uso de los transgénicos en sus cultivos.
En la zona hay réplicas de sus granjas y de sus casas pero son simplemente eso; réplicas. Si quieres ver las reales, te interesa adentrarte por las granjas y distinguirás sus casas por la gran cantidad de ropa tendida ya que no usan lavadora ni secadora.
En una de estas incursiones nos pareció distinguir a lo lejos un campanario. Tomamos rumbo hacia lo que pensábamos sería una iglesia y al llegar descubrimos que era una pequeña escuela. En su interior una jovencísima mujer (no creo que tuviera más de 17 años) ordenaba y limpiaba la clase. La joven contestó a algunas de nuestras preguntas con timidez pero con amabilidad. Nos enteramos que ella era la profesora y que estaba preparando el aula para el día siguiente. Le pedimos permiso para hacer unas fotos y entonces se alteró un poco pero nos dejó hacer algunas fotos de la clase.
Después de “perseguir” a los Amish durante un día completo (ya que se esconden de la mirada de los curiosos) nos fuimos a pasear por los puentes de madera cubiertos que se hicieron famosos con la película “Los Puentes de Madison”, de Clint Eastwood. Los puentes están situados en parajes tranquilos y bellos con casas diseminadas que no pertenecen a los Amish (lo sé porque no hay ropa tendida). Nos cruzamos con una señora que limpiaba de hojas la entrada de su casa. Después de preguntarnos de dónde éramos nos dijo: ¿Dios está en vuestro corazón? No estaba preparada para algo así. Yo esperaba una conversación trivial sobre el tiempo. Pero recordé que Pensilvania es un estado muy religioso y seguí la conversación como pude.
Durante el regreso a Nueva York permació en mí la sensación de vivir en el pasado a pesar de llevar como fondo musical un GPS que repetía constantemente “recalculando, recalculando…”
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